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Tutores médicos

Reconocimiento a la labor formadora de los tutores MIR

JOSÉ RAMÓN GARMENDIA LEIZA

La formación sanitaria en nuestro país goza de una excelente salud, valga la expresión.  Médic@s, enfermer@s, auxiliares, biólog@s, farmaceutic@s, psicólog@s, etc., reciben una formación reglada como no la hay en ningún país del mundo. Permítanme esta licencia. Aunque los sistemas de formación son varios y esencialmente similares, hoy quiero centrarme en los médicos y sus formadores.

Debemos realizar un breve preámbulo, señalando que el acceso a la carrera universitaria es tremendamente duro y exigente para los jóvenes aspirantes a médicos, en su mayoría, mujeres. Siempre he pensado que las chicas son más constantes, listas y trabajadoras, y en los últimos años, ver las aulas universitarias con mayoría de chicas sobre chicos en carreras de elevadas exigencias intelectuales, ratifica mi pensamiento. Es necesario saber que la nota de corte en las facultades de Medicina para este curso 2016-2017 ha estado entre el 12,2/14 de Lleida o Tarragona y el 12,82 de la Universidad Autónoma de Madrid y Barcelona. Es decir, no hay ningún estudiante universitario de Medicina en universidades públicas con una nota media inferior a un 8,7. Ahí es nada.

Pues siendo difícil acceder a estos estudios universitarios, la única licenciatura que mantiene los 6 años en su curriculum vitae sigue siendo Medicina. Y todo ello para que, finalizado este periodo de estudios, no sirva a los estudiantes para poder desarrollar su labor profesional. Porque en el ordenamiento educativo y sanitario español, es condición imprescindible someterse a una oposición a nivel nacional, en la que se reparten las plazas de formación que luego ocuparán los aspirantes durante otros 4-5 años, el conocido M.I.R. Y, después de ello, de nuevo a buscar un futuro incierto, con una planificación un tanto errática por parte de la Administración sanitaria de nuestras 17 comunidades autónomas.  No son pocos los que añoran el extinto Insalud…

Los tutores M.I.R.

El objetivo que persigo hoy es el reconocimiento de la labor formadora que desarrollan los tutores MIR (Médico Interno Residente). Profesionales que “adoptan” en su horario profesional a un joven médico al que deberán guiar por la senda del aprendizaje y transmitir los valores humanos y profesionales que la medicina requiere. Esta misión es común para otras categorías que comparten el “sistema MIR”, a saber, enfermería, psicología, farmacia hospitalaria, química, biólogía y radiofísica hospitalaria.

Como digo, cientos, miles de profesionales a lo largo de todo el panorama sanitario nacional, “adoptan” a un joven médico para transmitirle su experiencia y guiarle por los caminos del conocimiento continuo que debe soportar la profesión médica. La labor del tutor es enseñar aquello que no está en los libros, aquello que no han podido estudiar y aprender en los años de vida universitaria, y que no encontrarán los jóvenes médicos en las páginas de las redes de conocimiento virtuales.

Las habilidades de comunicación personal entre profesionales y usuarios/pacientes, las lecturas entre palabras que se establecen entre ambos, las solicitudes veladas, los requerimientos no explícitos…, son parte fundamental de la labor docente y de tutorización. La pertinencia de solicitud de pruebas diagnósticas, su interpretación en el contexto individual de cada paciente, su necesidad en un entorno tecnificado, el valor añadido que aportan para un diagnóstico final acertado y el abordaje de éste último de acuerdo a la evidencia científica disponible, son decisiones que los libros muestran, pero la realidad exige demostrar en cada caso. Y cuando el resultado en salud no es exitoso, la labor de acompañamiento al paciente enfermo, el consuelo y compartir el camino final de la vida. Todo ello es parte fundamental de la labor médica.

No hay mejor lotería para los jóvenes médicos internos residentes que “caer” bajo la supervisión de un médico capaz de transmitir y dedicarle un tiempo precioso diario a su tutela. En gran medida, establecerá las características de su futura labor profesional sobre el modelo de su tutor. Y todo ello de forma desinteresada. Sí, sí, altruista. Me preguntaba no hace mucho tiempo una compañera de trabajo, cuánto dinero cobraba un tutor por serlo. Le contesté que nada: “cero pesetas”.  Mi compañera me repitió la pregunta, por si no la hubiera entendido. Le contesté igual, “cero pesetas”. Y no acabó de entender por qué un tutor sanitario es tutor. 

Y quizás tampoco pueda explicárselo yo. Ni mis compañeros que prestan su tiempo, sus “entrañas” y su quehacer diario a ser revisados y supervisados continuamente por unas jóvenes mentes ávidas de conocimiento, listas, inquietas, preguntonas e insaciables de un conocimiento y unas habilidades, que nunca serán suficientes. Desde aquí mi reconocimiento a todos ellos, tutores y tutoras de médicos.

José Ramón Garmendia Leiza es vocal provincial de la Socalemfyc (Sociedad Castellana y Leonesa de Medicina de Familia y Comunitaria)

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