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Nutrición ortomolecular: la medicina del siglo XXI

GELY RUIZ VIELVA Cada año que comienza nos proponemos mejorar nuestra vida, cuidarnos, intentar cambiar nuestros hábitos de alimentación,    eliminar esos centímetros que nos sobran. ¡Nunca es tarde! El secreto está en la constancia, practicar deporte con frecuencia y, por supuesto, tomar una alimentación sana y equilibrada. ¿Te apuntas a la nutrición ortomolecular? Aunque la nutrición ortomolecular, todavía, es considerada por muchos como una terapia para perder peso y eliminar celulitis, su poder terapéutico va más allá. Las investigaciones de la nutrición ortomolecular se dedican al estudio de la salud óptima, proporcionándonos un estado natural de energía, vitalidad y, sobre todo, armonía con nosotros mismos y con la vida. Es una terapia que acentúa el uso de las sustancias naturales encontradas en una dieta sana, tales como vitaminas, minerales dietéticos, enzimas, antioxidantes, aminoácidos, ácidos grasos esenciales y fibra dietética para la prevención y el tratamiento de enfermedades. Este tipo de alimentación consiste en cambiar nuestros hábitos de alimentación rutinarios y transformar todos los nutrientes que ingerimos en salud para el organismo, respetando la individualidad bioquímica de cada persona, código genético y predisposición a ciertas enfermedades. Por ello es imposible diseñar una dieta estándar saludable para todo el mundo, pero sí se puede hablar de unos alimentos base para ayudar a mantener sano el organismo. Algunos consejos generales para cuidar su sistema inmune gracias a su alimentación: - Evitar todos los alimentos procesados industrialmente (aditivos, saborizantes, colorantes químicos). - Evitar  los embutidos. - No tomar jugos embotellados, sólo naturales; tomar agua purificada. - Evitar azúcar, pan dulce, pasteles, mermeladas; sustituir por fructosa. - Evitar todos los alimentos fritos  (pollo frito, pizza, carnes al carbón, milanesa etc.). - No consumir lácteos (ni sus derivados); sustituir por bebida de soja, leche de almendras.. (Todos los alimentos anteriores acidifican el organismo, lo que disminuye la respuesta inmune). - Consumir de 3 a 4 porciones de alimentos verdes al día, frescos y/o cocidos al vapor. - Consumir de 3 a 4 porciones de frutas frescas al día; evitar los “cócteles”, es mejor no mezclar las frutas, así se evita la interacción de los fitoquímicos. - Jugos: Si no es diabético o pre, todos naturales; si lo es, diluirlos en agua o consumir la fruta entera. - Semillas: 10 a 15 corazones de nuez o almendras o 2 cucharadas soperas de semilla de girasol al día, o bien hacer una mezcla agregando una manzana pequeña o 1/2 grande con agua y tomar como desayuno. - Consumir al menos de uno a dos aguacates al día (ácidos grasos de excelente calidad y aminoácidos que fortalecen el sistema inmune). - Carnes: la mejor es el pescado de especies pequeñas; el pollo, en poca cantidad; y las carnes rojas, una vez por semana (ácido araquidónico). - Uno o dos huevos al día no incrementan el colesterol; no agregar embutidos; en salsa de tomate, cebolla, ajo,…. - Sopas de verduras o pasta; evitar el arroz blanco (mayor índice glicémico); no usar condimentos artificiales. - No comer alimentos animales uno o dos días a la semana, sólo vegetales, ya que estos últimos alcalinizan el cuerpo y elevan la respuesta inmune. - Complementos: El aporte de vitaminas y  minerales, siempre los recomendados por un experto en nutrición. Y como bien dijo Hipócrates: ¡Que nuestra medicina sea nuestro alimento!

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