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A Dior pongo por testigo, ¡Chapeau!

A la izquierda, Camilla Parker-Bowles, con el tocado que lució el día de su boda con el príncipe Carlos de Inglaterra. A la derecha, la infanta Elena, con la memorable pamela gigante, el día del enlace de su hermana. Siempre me han encantado los sombreros. Tengo unos cuantos y los uso en cualquier ocasión, en invierno o en verano, sin necesidad de una excusa especial. Para librarme de la molesta lluvia (odio los paraguas), para protegerme del intenso sol en la playa o como un complemento más porque simplemente me encantan y me parece que completan maravillosamente un look, dándole un aire personal y un poco descarado. Últimamente, además, tengo la suerte de que los complementos para la cabeza están de rabiosa moda; no hay fashion victim que se precie que no tenga una pamela de ala ancha en mimbre trenzado para luchar contra los estragos que hace el sol en nuestra piel; es perfecto para las “chicas chic” modelo Brigitte Bardot en St. Tropez, que impactarán al borde del mar con un bikini de rayas marineras. En otro estilo, también nos apuntaremos al borsalino o fedora de paja, que marca un aspecto ambiguo femenino vs masculino perfecto con vaqueros y camiseta blanca básica, o para un aire más “boho” puesto de forma descuidada con pelo suelto y un liviano vestido de flores. Ahora que nos acercamos a la temporada de bodas, parece casi obligado sucumbir a un magnífico tocado, ya que va ser nuestra única oportunidad de usarlo salvo que asistas a las carreras de Ascot. Aunque las formas se han relajado mucho y no hay que tenerlas miedo, hay algunas reglas que debemos cumplir. Por ejemplo, recordad que no es una fiesta de disfraces y que la protagonista es la novia, que un tocado debe ser ¡un tocado¡, nada de florecitas medio broches medio coleteros mal llamados “discretos”; por definición no hay discreción que valga en este caso. Por supuesto, las pamelas y sombreros están reservados para el día porque su función es proteger del sol; los tocados se podrán usar de mañana o tarde, ya que su sentido es simplemente adornar la cabeza y, en mi opinión, sólo para traje corto, salvo que seas la madrina. La mayoría de las head pieces están hechas para ser puestas sobre el lado derecho porque la mujer se ha de agarrar al brazo del hombre por el lado izquierdo y así no estorban ni para la visión ni para la conversación, aunque hay que reconocer que en el “momento besos” suele ser un poco difícil. Otra de las grandes preguntas: ¿cuándo nos lo debemos quitar? Mi abuela siempre dice que “una señora que sale de casa tocada, debe regresar tocada”; yo siempre sigo sus consejos, las abuelas saben mucho. Muchas veces he oído decir a mis amigas eso de “a mí no me quedan bien”. ¡Mentira¡, toda mujer tiene un tocado que le favorece, algunos serán altos y coloristas, otros voluminosos y extravagantes, otros sobrios y elegantes... Todo es probar, seguro que encuentras el tuyo, lo demás es cuestión de actitud. Hay dos ejemplos de mujeres, no especialmente agraciadas, que le deben mucho a este complemento, provocando en ellas dos de las transformaciones más espectaculares que se recuerdan. La presentación del nuevo estilo de la infanta Elena en la boda de su hermana con aquel memorable traje de chaqueta rosa de Lacroix y una aún más memorable pamela gigante a tono; ése fue su día sin duda. La otra, la también royal Camilla Parker-Bowles el día de su pseudoboda con el príncipe Carlos de Inglaterra y aquel maravilloso tocado de espigas doradas que enmarcaba su peinado firmado por uno de los mejores diseñadores de sombreros del mundo, Phillip Treacy. ¡Oh my God!, si no parecía ella.  ELENA LEÓN HERNÁNDEZ

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