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Leonard Cohen: un cantante y un poeta

“El éxito es sobrevivir: ésa es una definición suficiente buena para mí”  (Leonard Cohen)

El pasado 7 de noviembre falleció en su casa de Los Angeles Leonard Cohen, a los 82 años de edad. Era el mayor de las cantantes de su generación (tenía siete años más que Dylan, cinco más que Judy Collins y nueve más que su compatriota Joni Mitchell), Leonard Cohen, poeta, novelista y cantautor, sobrepasó las barreras que el tiempo y las modas imponen. Con una inequívoca fidelidad a sí mismo y una obra no muy amplia, pero densa, fascinó a los públicos de todo el mundo con la habilidad de un encantador de serpientes, con la magia de unas historias laberínticas y una música de extraño poder hipnótico.

JOSE I. DIEZ CANO

Leonard Cohen es artista de inmensas minorías, y no casualmente. Cuando hablaba de su niñez, resaltaba siempre lo minoritario de sus circunstancias: por pertenecer al Canadá francés (nació en Montreal el 1 de septiembre de 1934), por ser a la vez angloparlante y ni siquiera identificarse con esa comunidad por ser judío. Para rematarlo, solía recluirse con cierta asiduidad en un monasterio budista y abjuraba de victimistas que acaban comportándose igual que sus dominadores anteriores.

Al igual que su principal maestro (Bob Dylan) y su alumno más aventajado (Nick Cave), es de los escasos letristas que también podía alardear de poeta; no en vano, s einició como literato. Sin embargo, y pese a sus limitadísimos conocimientos musicales, su inventiva melódica arrancó por sí sola. Sus canciones tocan una fibra determinada que nadie más ha sabido pulsar. Ni toda la nueva hornada neodepresiva (más cercana al oscurantismo de Ian Curtis y sus Joy Division) ni sus ilustrísimos referentes. Su voz sobria y melancólica, arropada casi siempre por voces femeninas acordes a su mujeriega fijación, manejó sus creaciones mejor que cualquier gran cantante de los que le han versioneado.

Canadiense atípico, pero como tal, puente perfecto entre la tradición americana y la admiración por Europa propia de la bohemia intelectual del Nuevo Continente: el country de Nashville y su pasión por Edith Piaf o Lorca, el Folk Contestatario y sus vivencias en Grecia… Tras su bautismo de masas en Newport y con el éxito de “Suzanne” en las versiones de Noël Harrison o Judy Collins, debutó discográficamente a finales de 1967 con 33 años. En parte forzado por la industria, publicó cinco LPs en siete años, toda una proeza comparada con el ritmo que seguiría después. Tras el insólito e incomprendido trabajo “Death Of A Ladies’ Man” (1977), junto a Phil Spector (que no sólo le engulló en su concepto musical, sino que también le rodeó de su mundo de chantajes y pistolas), retomó el intimismo y lo bordó de preciosismo en dos distanciados nuevos discos. En 1988 volvió a romper esquemas con “I’m Your Man”: colgó la guitarra, jugó con un sintetizador portátil y hasta se acercó al sonido de Pet Shop Boys. De repente Leonard Cohen se convirtió en el tío más “cool” del planeta. Otros cuatro años para repetir la fórmula en “The Future”, que tuvo menor regocijo mediático, y el cantante se refugió en un monasterio budista hasta el final del milenio. Pero Cohen nunca fue ortodoxo en este tema (ni en ningún otro) y mezcló disciplina y vocación: en su cabaña al lado del monasterio disponía de un sintetizador con el que compuso el material para su siguiente disco. En 1999 bajó de las montañas y se instaló en Los Angeles. Junto con Sharon Robinson (con la que había escrito “Everybody Knows” y “Waiting For A Miracle”), compuso los álbumes “Ten New Songs” (2001) y “Dear Heather” (2004). Pero durante esos años habían estado ocurriendo cosas de las que el artista no sabía absolutamente nada: Kelley Lynch, manager de Cohen hasta ese momento, desapareció con varios millones de dólares del músico (Derivó su tarjeta American Express a la cuenta personal de Cohen, formalizó la venta de la editorial musical del artista, vendió a Sony los futuros derechos de su repertorio…) Por esa razón, en junio de 2008, quince años después de haber pisado por última vez un escenario, Cohen volvió a la carretera, sin duda por la necesidad de rehacerse en términos financieros, con una triunfal gira que le trajo por diversas ciudades españolas y con unas actuaciones inolvidables, a sus 75 años, de más de tres horas de duración, reflejadas en los Cd y Dvd “Live In London” (2009) y “Songs From The Road” (2010). En 2011 editó el exitoso “Old Ideas” y fue galardonado con el Príncipe de Asturias de las Letras. En 2014 vendría “Popular Problems”, una nueva gira mundial y el triple Cd+Dvd “Live In Dublin”. Al año siguiente “Can’t Forget. A souvenir Of The Grand Tour” (otro live) y este pasado mes de octubre “You Want It Darker”. Discos todos ellos publicados para recuperarse de sus problemas financieros, después de verse arruinado por su antigua manager. El pasado 11 de noviembre de 2016 trascendió la noticia de su muerte, producida días antes. Descanse en paz.

Sus mejores discos

“The Songs Of  Leonard Cohen” (1968), “Death Of A Ladies’ Man” (1977), “Various Positions” (1985), “Im Your Man” (1988), The Future (1993), “Live In London” (2009),  “Old Ideas” (2012) y “Popular Problems” (2014) reflejan las diferentes etapas del músico.

Sus mejores canciones

“Suzanne”, “So Long Marianne”, “Sisters Of Mercy”, “Famous Blue Raincoat”, “Chelsea Hotel # 2”, “Hallelujah”, “Dance Me To The End Of Love”, “Everybody Knows”, “First We Take Manhattan”, “Take This Waltz”, “Ain’t No Cure For Love”, “”The Future”, “Closing Time”, “Because Of”...

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