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Aurora Martín Nájera, arqueóloga, museógrafa y coordinadora general del Museo de la Evolución Humana de Burgos

“Atapuerca ha conseguido hacer accesible la historia del hombre” ¿Qué hacían los homínidos en la Sierra de Atapuerca? Responder a esta pregunta es lo que intenta hacer la arqueóloga Aurora Martín Nájera (Palencia, 1957) y el resto del equipo de investigadores del yacimiento burgalés. Esta palentina lleva trabajando en Atapuerca más de 30 años y desde 2010 coordina el Museo de la Evolución Humana, una labor, esta última, nada desconocida para ella, ya que anteriormente había dirigido distintos museos en Cáceres. Martín Nájera fue la encargada de pronunciar el pasado 10 de junio el pregón del XXVII Día de la Provincia, un evento que se celebró en la localidad de Saldaña y en el que recordó que Palencia sigue siendo su “sitio referencial”. JOSE ROJO Pregunta. Usted desembarcó en la Sierra de Atapuerca en 1980. ¿En su primera incursión ya presintió la magnificencia del yacimiento? Respuesta. A mí en aquel momento se me abrió una puerta totalmente diferente, un conocimiento de unas épocas para mí casi ignoradas, o al menos yo creía que en España prácticamente no existían vestigios. La prehistoria era estudiada en la Universidad de Valladolid, sólo de una manera superficial, al menos en lo que a las primeras etapas se refiere, ya que lo prerromano y romano era lo que más conocido y lo más abundante en estas tierras, al menos en esos años. De hecho, la cátedra se llamaba de Arqueología Clásica y el catedrático entonces era Alberto Balil. Cuando llegué allí, todo me pareció enorme, la trinchera, la altura de sedimentos en los yacimientos (que en algún lugar alcanzan más de 20 metros),…, en fin sí pensé que nunca lo veríamos terminado y, según parece, así será. También me sentí una gran ignorante, porque poco sabía de geología, casi nada de fauna y mucho menos de forma de excavar esos sedimentos y de métodos de datación, ya que casi siempre había trabajado en yacimientos romanos o prerromanos, en llanuras, con restos de construcciones y, por tanto, empleando azada y pala, es decir, otros métodos diferentes en los que te puedes guiar de fuentes escritas, restos hallados en superficie,… Me quedé sorprendida y emocionada; me gustaba y decidí que esto me entusiasmaba y que quería dedicarme a ello, así que me puse a estudiar como una loca. Me ayudó mucho el Colegio Universitario de Burgos P. ¿Hoy sigue trabajando ‘a pie de obra’? R. Sí, sigo haciéndolo y es un verdadero placer, es emocionante ir levantando el sedimento y pensar que por allí anduvo nuestro/a antepasado/a, también el ambiente que se forma al compartir el trabajo de campo con tanta gente. Pienso que es una fortuna poder seguir excavando y formando parte del equipo de investigaciones de Atapuerca, por lo tanto durante la campaña de excavación (que comenzó el 15 de junio) colaboro en lo que puedo, es decir, excavo, y por ello tengo la oportunidad de extraer los restos fósiles, pero también participo en las tareas de laboratorio tendentes a gestionar estos restos (limpieza, siglado, conservación, restauración, análisis,…). Luego, una vez estudiados los restos, como museóloga, tengo la oportunidad y la gran suerte no sólo de ver estos restos almacenados o expuestos, sino de formar parte del equipo del Museo de la Evolución Humana (MEH) y poder presentar ante la sociedad los resultados de estas investigaciones, difundirlas y darlas a conocer. Es decir, estoy en el proceso completo. P. ¿Qué representa Atapuerca en la historia de la evolución humana? R. Atapuerca es un lugar muy especial donde se han encontrado el 85% del registro fósil mundial. ¿Se da cuenta de lo que esto significa? Es la catedral de la paleontología, como le gusta decir a Arsuaga, pues es en Atapuerca donde podemos descubrir la clave de nuestros antepasados, los primeros homínidos europeos, ¿de dónde venían?, ¿quiénes eran? Para empezar, dada la gran abundancia de fósiles, tenemos los datos para poder decir cómo era cada una de las especies, estoy hablando de ‘homo heidelbergensis’ y ‘homo antecesor’. Pero todo ello va unido a un conocimiento serio del paisaje en el que vivieron, donde se cobijaban frecuentemente y en donde encontraban en gran medida la carne para alimentarse. También existe una gran cantidad de instrumentos de piedra que ellos utilizaron para sus tareas cotidianas. Es decir, es el sitio perfecto para poder conocer quiénes y cómo eran estos homínidos y cómo se enfrentaban al medio natural para encontrar sus recursos. P. Este asentamiento prehistórico, además de ser un gran centro de investigación, se ha convertido en un foco de atracción turística. ¿Ambos usos se complementan sin roces? R. Atapuerca es un lugar muy singular, tanto por la investigación que allí se desarrolla, como por la campaña de excavación que dura mes y medio, y es una verdadera universidad de verano en cuanto a arqueología prehistórica, antropología, paleontologóa, geología, sedimentología,..., pero también por la divulgación que se ha realizado del yacimiento precisamente encabezada por los codirectores de los yacimientos. De hecho, se habla de Atapuerca, como de un ‘boom’ mediático que, de seguro, habrá de ser estudiado en breve. Atapuerca ha conseguido hacer asequible la historia del hombre y ahora muchas personas hablan con gran libertad de heidelbergensis, antecesor, neandertal, Lucy o australopitecos, cosa que hasta hace unas décadas era impensable. La organización de la didáctica de los yacimientos es buena y eso hace que no existan roces entre la parte investigadora y la divulgadora. De hecho, en la campaña de excavación, los científicos dan charlas a los guías para ponerles al día de los nuevos descubrimientos o novedosas teorías que han visto la luz. Durante la época de excavación (mediados de junio y julio), por seguridad, los visitantes no pueden pasar por la trinchera, sino que ven los yacimientos desde la parte superior. Pierden la sensación de introducirse en la trinchera de ferrocarril que en su día descubrió los yacimientos, pero ganan en la experiencia de ver a los excavadores trabajar a los largo de esos meses. P. El ‘boom’ del yacimiento se produjo a mediados de los 90 y se apuntaló en el año 2000, cuando fue declarado Patrimonio de la Humanidad. ¿Se ha pasado la fiebre por visitarlo? R. El conocimiento del pasado es algo que interesa a todos, no importa la edad, las convicciones religiosas o la procedencia y, en Atapuerca se encuentra buena parte de las claves de nuestro pasado. Por ello pienso que no existirá ese bajón al que alude. Por otra parte, la inauguración del Museo de la Evolución Humana pretende ser un centro museístico que difunda todo lo que contiene el  espacio cultural Sierra de Atapuerca. Desde el MEH se entiende que la visita a los yacimientos es un complemento idóneo después de haber visitado el museo y por ello hemos organizado una serie de autobuses-lanzaderas que salen desde el propio centro museístico con destino a los yacimientos y a los pueblos del entorno: Ibeas de Juarros y Atapuerca. P. Usted participó en el hallazgo de los primeros restos del que fue identificado como ‘homo antecesor’. ¿Qué significó este descubrimiento? R. En el momento supuso una enorme alegría, ya que era el primer homínido que encontrábamos en los yacimientos de la trinchera de ferrocarril. Fue un espaldarazo al duro trabajo desarrollado en el yacimiento de Dolina durante años, sin ningún hallazgo especial. También supuso romper los esquemas científicos existentes entonces, respecto a que el doblamiento europeo no había sido anterior a 500.000 años. En ese momento sabíamos que habíamos encontrado un homínido y que tenía más de 500.000 años porque estaba asociado a un ratoncito (‘mimomys savini’) que desapareció de Europa en esas fechas. Un par de años después supimos que era más antigua, más de 780.000 por datación de paleomagnetismo y que, además, se trataba de una nueva especie, ‘homo antecesor’, cuyo lugar en el árbol evolutivo humano se fijó entonces como el antecesor del ‘homo heidelbergensis’ y de ‘homo sapiens’. Hoy, esta teoría está siendo revisada, pero en todo caso, Atapuerca y sus homínidos dieron mucho que hablar y supusieron un cambio en la visión del poblamiento humano del continente euroasiático, que después se vio corroborado con el hallazgo en Dmanisi en Georgia de unos homínidos de hace 1.800.000 años. P. ¿Atapuerca nos deparará más sorpresas? R. Nosotros creemos que sí. De hecho, en estos momentos uno de nuestros objetivos es encontrar ‘neandertal’. ¡Sería fantástico! Tendríamos en un mismo espacio las cuatro especies: antecesor, heidelbergensis, neandertal y sapiens. Cuantas más investigaciones se lleven a cabo, mayor será el conocimiento científico que tengamos y la posibilidad de realizar interpretaciones que nos hablen de verdad sobre quiénes eran, desde dónde llegaron, por qué se quedaron y cómo vivían en la Sierra de Atapuerca P. Las excavaciones burgalesas propiciaron la creación del Museo de la Evolución Humana, que se inauguró en julio de 2010 y que usted coordina. Díganos hacia qué tipo de público va dirigida la visita. R. La visita está indicada para todo tipo de público, ya que, sin perder el rigor científico, se ha planteado de una forma moderna y directa. De hecho, el reto principal del museo ha residido en traducir el conocimiento científico sobre la evolución humana en un discurso riguroso, comunicativo, pero accesible a todos. Pero la visita al museo es muy larga, ya que cuenta con más de 6.000 metros cuadrados de exposición permanente; es difícil verlo todo en menos de 3 horas. P. Háblenos de su contenido. R. Para empezar, es necesario pararse a disfrutar del edificio ideado por Navarro Baldeweg, que proporciona un enorme pero acogedor espacio interior muy luminoso, ya que es un prisma que a modo de caja de luz protege la tierra que guarda los secretos que debemos desvelar y conservar. Luego, bajando la rampa, nos adentramos en la planta dedicada a Atapuerca, donde aprenderemos por qué es tan importante este entorno para, inmediatamente, conocer qué se ha encontrado en los yacimientos de la trinchera de ferrocarril y ver directamente los fósiles originales del ‘homo antecesor’, su industria y la fauna con la que convivió. Después en el siguiente módulo, un gran audiovisual nos habla del excepcional yacimiento de la Sima de los Huesos y nos encontramos cara a cara con Miguelón, el cráneo número 5, la pelvis, Elvis, o Excalibur, el único bifaz hallado en este yacimiento. Luego, continuaremos conociendo lo que otros yacimientos más modernos han proporcionado: lugares ocupados por los neandertales y luego por los sapiens hasta época romana en yacimientos como el Portalón. Esta planta se termina con una serie de recursos que nos dan a conocer cómo se excava y cómo se gestiona e investiga el material extraído. La planta 0 está dedicada a la evolución biológica. Empieza y termina con dos homenajes a dos científicos; el primero Darwin, que demostró la evolución por selección natural y Ramón y Cajal, nuestro premio Nobel, que se adentró en el estudio del cerebro. También podemos conocer cómo hemos ido cambiando de estructura esquelética, de capacidad craneana y de dieta en la galería de los homínidos, donde 10 reproducciones hiperrealistas de distintos homínidos nos observan. Por último, una instalación de Diego Canogar nos hace comprender el funcionamiento del cerebro. La siguiente planta nos habla de la evolución cultural, centrándose en dos hallazgos que supusieron una paso importante para la humanidad: la tecnología lítica y la domesticación del fuego. Luego pasamos por distintas vitrinas que nos contraponen las formas de vida de las sociedades cazadoras-recolectoras, como son los neandertales y los sapiens, para concluir hablando de la capacidad simbólica y estética: el arte parietal, el mueble, los enterramientos, etc. La planta finaliza con un espacio dedicado a la revolución neolítica, es decir, entramos en las sociedades productoras. El último piso nos habla de los ecosistemas que más influyeron en el devenir humano: la selva, la sabana y la tundra. Desde allí arriba tendremos una impresionante vista de la especialidad del edificio y del ambiente vegetal que tanto dentro como fuera, en la entrada, nos habla del paisaje de la Sierra de Atapuerca y las riberas del río Arlanzón. P. Usted ha estado al frente de distintos museos. ¿Cuáles son las claves para que un centro museístico funcione? R. Para que un centro museístico funcione debe contar con la implicación y la complicidad de los ciudadanos; en este sentido, la figura de los voluntarios a mí me parece esencial. Es necesario que esté fuertemente arraigado en la ciudad, que la ciudad lo quiera, lo valore y lo considere suyo. Ciertamente el museo debe tener una organización de sus contenidos que intrigue al visitante, pero que le dé respuestas respecto a las claves que busca, que le enseñe algo nuevo o, al menos, de diferente manera, que sea entretenida la visita. En eso están trabajando muchos museos. Además, cómo no, debe contar con el equipo técnico necesario para conservar las colecciones, actualizar la información que se proporciona, crear actividades didácticas y de divulgación que fidelicen a su público y atraigan a otros… y, cómo no, con un prepuesto mínimo para hacerlo. En España no hay demasiada tradición del mecenazgo privado en museos porque buena parte de ellos son gestionados por instituciones públicas, pero me parece una tema interesante que debe ser discutido. No sé si las administraciones públicas tiene actualmente dinero para hacer frente siquiera al mantenimiento de los edificios donde se ubican muchos museos. P. ¿Qué otros proyectos cree que pueden surgir al abrigo de Atapuerca? R. Creo que todo es posible en torno a Atapuerca. De hecho, con la nueva denominación proporcionada a la Sierra de Atapuerca y un amplio territorio del entorno, Espacio Cultura Sierra de Atapuerca, se pretende unir sinergias de todas las administraciones de gestión, centros de investigación y estudio, fundaciones y colectivos, con el fin de propiciar un desarrollo sostenible de esa área. Para ello la Junta Castilla y León ha creado una nueva figura administrativa, Sistema Cultura de la Evolución Humana, cuya cabeza es el museo, como forma de gestión del territorio y sus posibilidades. Como ve, es un reto de gran envergadura que estamos comenzando a desarrollar. P. El 10 de junio pronunció el pregón del Día de la Provincia. ¿Lleva Palencia en el corazón? R. Lo llevo en el corazón, en la cabeza, en mi forma de ser y pensar. No en balde me eduqué aquí y, además, tuve como padres a dos palentinos que ejercían como tales. Mi madre, de familia secularmente unida a estas tierras; mi padre, de Valladolid que, sin embargo, encontró aquí su vida y acomodo y que, una vez jubilado, volvió a descansar aquí. P. ¿Qué le une aún al territorio palentino? R. Además de la querencia, más bien querencias, los recuerdos y buena parte de mi vida, Palencia ha sido y es para mí mi sitio referencial, ese lugar donde siempre vuelves porque te va a dar paz, te mimará cuando lo necesites y te dará fuerzas. No sé, un lugar en el que me identifico y me siento bien. Además, por supuesto, todavía parte de la familia vive aquí, tenemos casa y, ahora, viviendo en Burgos, la escapada de los fines de semana es fácil y cómoda. De hecho cuando me vine a Burgos pensé vivir en Palencia, luego el tipo y cantidad de trabajo que se desarrolla en el MEH me hizo renunciar a esta idea. Por lo tanto, siempre que puedo, por aquí ando. P. ¿Qué comarca le atrae más? R. Mis recuerdos están ligados desde siempre a Tierra de Campos y a Paredes de Nava, de donde procede mi familia materna, y donde conocí la vida de los pueblos y empecé a apreciar el especial paisaje de esta zona: amplios horizontes, colores cambiantes, mares de cereal, cielos amplios a veces cubiertos de nubes densas, horizontes lejanos,… De hecho, un lugar para mí especial es el mirador de Autilla del Pino, desde allí se abarca toda la Tierra de Campos. Pero Palencia tiene comarcas de inaudita belleza, tanto la zona de la montaña, como la de los valles de los ríos, el Cerrato,… P. Como arqueóloga, ¿qué opinión le merece la villa romana de La Olmeda? R. Estoy encantada con la nueva restauración. Me parece un modelo a seguir por el respeto al paisaje de la vega del Carrión. Además, el edifico apenas se levanta y nos revela cómo podía ser la villa romana. ¿Y lo que conserva? ¡Excelentes mosaicos de una calidad increíble! Y una serie restos de edificaciones de la villa que nos hacen comprender muy bien la distribución. Los audiovisuales que nos transportan a ese tiempo también me parecen didácticos y rigurosos. También veo que se organizan actividades que me parecen interesantes y que atraen el interés del público. Personalísimo “De las personas valoro la elegancia” -       Signo del horóscopo… Escorpio. -       Vicio confesable… Un buen paseo. -       Película para recordar… ‘El paciente inglés’. -       Actor… Javier Bardem. -       Actriz… Katharine Hepburn. -       Animal… ‘Homo sapiens’. -       Color… Rojo. -       Libro predilecto… El último que he leído y que me ha parecido bueno es ‘Anatomía de un instante’, de Cercas. -       Coche que tiene… Un Saab 93. -       En cuestión de cocina se muere por… Un lechacillo churro, asado, jugoso y acompañado de un buen tinto de Ribera. -       La canción que le levanta el ánimo se titula… ‘Hoy puede ser un gran día’, de Serrat. -       En su relación con las personas no soporta… La mezquindad. -       Por el contrario, valora… La elegancia. -       Siente envidia sana por… Nada. -       Rasgo que le define… Curiosidad e inquietud por saber. -       Su gran defecto… Mi fuerte carácter. -       Su mejor sueño… De momento se ha cumplido: ver el Museo de la Evolución Humana de Burgos inaugurado y formar parte del equipo de gestión. -       Cuando le presentan a una persona se fija en… En las manos, la forma y la fuerza que trasmiten en el apretón. -       Añora… Es la eterna contradicción: ahora que ya no vivo allí, el paisaje de las dehesas extremeñas. Cuando vivía allí, los atardeceres de Tierra de Campos. -       Los sábados por la noche disfruta… De una cena con los amigos y familiares. -       El rincón favorito de su casa es… Prefiero cambiarlo por el rincón favorito de mi ciudad: el paseo de los Canónigos, el río, los árboles y… la silueta de la Catedral desde allí. -       De Palencia no aguanta… Como hace tiempo que no vivo aquí de forma permanente, aunque voy y vengo constantemente, no tengo fobias ni filias. Y lo que más le gusta de los palentinos es… Me gusta su carácter sobrio pero acogedor.

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