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Recuerdo a Jerónimo Arroyo en el 70 aniversario de su fallecimiento

El 26 de marzo de 2016 se cumplió el 70 aniversario del fallecimiento del arquitecto palentino Jerónimo Arroyo López, (14 de enero de 1871, Palencia-26 de marzo de 1946, Palencia), quien, en palabras de Pedro Navascués Palacio –uno de los principales historiadores de la arquitectura española– “representó aquella laboriosidad del arquitecto de finales del siglo XIX y principios del XX que, en una capital de provincia, lo hacía todo, absolutamente todo. Es decir, fue arquitecto municipal, provincial y diocesano, hizo arquitectura pública y privada, hospitales, asilos, fábricas, monumentos conmemorativos, reformas, restauraciones y un largo etcétera al que habría que sumar los trabajos y los días que le ocuparon el resolver problemas tales como el abastecimiento de aguas a la ciudad, la modificación de alineaciones urbanas y el sinfín de menesteres que conllevaba el cargo de arquitecto de la ciudad”. Así lo afirmó en el prólogo del libro que sobre la figura y obra de Arroyo firmaron los arquitectos José Antonio González Delgado y José Luis Hermoso Navascués, una publicación que salió a la luz en 1999 de la mano de la editora del periódico CARRIÓN. Pedro Navascués también señala en dicho volumen que Arroyo “es un ejemplo transparente de las dudas que aquejaban a la arquitectura en unos años de desconcierto general, dentro y fuera de nuestras fronteras. Me refiero al fatigoso asunto del estilo en arquitectura que pesó de modo muy especial en los arquitectos de su generación, en la que además de los problemas acumulados por el historicismo del siglo XIX, ahora, al despuntar el siglo XX, se agudizaba por la ansiosa necesidad de encontrar una imagen arquitectónica que correspondiera a la novedad de los tiempos”. Navascués deja claro que cuando el modernismo español aún no se había expresado como tal, el arquitecto palentino ya estaba trabajando de lleno en Palencia, aunque había estudiado tanto en la Escuela de Arquitectura de Madrid –que abandonó tras no haber aprobado ni una sola asignatura durante sus dos años de estancia– como en la de Barcelona. “Solo el mundo de las revistas de arquitectura y los catálogos de industrias artísticas y de diseño, en general, pudieron acercarle al frondoso repertorio modernista, pues todo lo demás navegaba por los derroteros del eclecticismo”, subraya. Lo que queda claro es que Arroyo configuró la ciudad de Palencia como “un sorprendente islote modernista enclavado en el corazón de Palencia”, apostillan los autores del citado libro.   El legado en Palencia y Valladolid Dentro de la arquitectura fabril de Jerónimo Arroyo, caben destacar la Fábrica Azucarera Palentina y la Fábrica de Piedra Artificial. Entre los edificios escolares sobresalen el Centro Politécnico San Isidoro (Plaza de la Inmaculada), la reforma de la Escuela Municipal de Dibujo –en cuyo solar se encuentra actualmente el Colegio de Arquitectos–, el Instituto General y Técnico –hoy Instituto Jorge Manrique–, el Colegio de los Hermanos Maristas, el proyecto que albergaba tanto las escuelas como la casa consistorial de Becerril de Campos y las escuelas de Támara. De su arquitectura religiosa apuntar las reformas en la Catedral, en el Convento de las Agustinas Canónigas y en la Iglesia Santa María la Mayor de Villamuriel. Y proyectos como el Asilo de San Joaquín y Santa Eduviges –Colegio de Villandrando–, el Noviciado de las Hermanitas Pobres (Calles General Mola y Salvino Sierra y Avda. General Goded), el Asilo Santa Catalina de Saldaña, el Hospital de San Blas de Villarramiel, Residencia de los RR. PP. Jesuitas (C/ Ignacio Martínez de Azcoitia), el Cementerio de San Roque en Guaza de Campos, la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen de Alar del Rey, Monumento a la Inmaculada Concepción (Plaza de la Inmaculada) y el Monumento a Cristo Rey (Cerro del Otero). Y de sus edificios públicos: Hospital Psiquiátrico Provincial (Avenida Manuel Rivera), Palacio de la Diputación de Palencia, Granja Experimental Agrícola (Plaza Abilio Calderón) y la reforma del Teatro Principal. Si hablamos de edificios de viviendas, en la Calle Mayor de Palencia construyó casas para Ramón Alonso, Víctor Calvo Barrios, Ignacio Martínez de Azcoitia, Agustín Herrero, Guillermo de la Torre y Flora Germán y Fulgencio García; en esta misma vía Arroyo levantó su estudio. Además, realizó los proyectos de la denominada Casa de la Estela (Paseo del Salón), así como la casa para Eugenio Nogales (C/ Don Sancho), la Casa-Palacio de Arturo Redondo (Frechilla) y las villas Luz (Fuente de la Salud), Arsenia (Fuente del León), El Cercado (junto a la carretera de León) y Ángel Merino (en las cercanías de Perales). El arquitecto palentino también ejecutó el Central Hotel Comercial (entre el Patio de Castaño y la calle Menéndez Pelayo, ya desaparecido) y la Antigua Florida (antes de su demolición). A él también se le debe el abastecimiento de aguas a la ciudad de Palencia, la Fuente en la Plaza Mayor (ya desaparecida) y la Fuente Pública de Astudillo. Asimismo, firmó los proyectos para el Banco Español de Crédito (en el antiguo Palacio de Tordesillas, ya derruido), Banco Castellano (en los bajos de un bello edificio de Arroyo de la calle Don Sancho) y Banco Herrero (bajos comerciales de la Casa de Ignacio Martínez de Azcoitia). Por otro lado, Jerónimo Arroyo impulsó tres proyectos relevantes en Valladolid: Iglesia de La Rubia, Casa de Correos y Telégrafos de Valladolid (Fachada a Calle Poniente) y Casa del Príncipe (Acera de los Recoletos).   Comprometido con su tiempo José Antonio González y José Luis Hermoso evocaron la figura de Jerónimo Arroyo en el tramo final del citado libro de la siguiente manera: “La vida Jerónimo Arroyo está marcada por un constante compromiso con su tiempo. Las circunstancias que le rodearon para poder acceder al conocimiento de su época y de épocas pretéritas no son suficientes para justificar la desenfrenada actividad y la pasión que ocupó toda su vida. Detrás de esta intensidad y multiplicidad de gestos, parece encontrarse el don de la ubicuidad. El recorrido del hombre orquesta se extiende más allá de la disciplina arquitectónica. Ocupando cargos de significada relevancia política (senador del Reino y diputado a Cortes en diferentes legislaturas, jefe del Partido Liberal en la provincia de Palencia), se mantuvo al lado de Santiago Alba, con quien le unía una estrecha relación de amistad, para secundar las ideas progresistas que las filas albistas reclamaban en la España de Alfonso XIII. A caballo entre Palencia y Madrid, el Caballero de la Orden de Isabel la Católica, el incansable viajero, construyó varios sueños. Pionero en la incorporación de técnicas constructivas, fundador de empresas del ramo eléctrico, periódicos, profesor de dibujo,... y arquitecto, su “vademecum” parecía incluir las ideas de Doménech i Montaner, Viollet-le-Duc, S. Orison Marden (uno de sus más admirados escritores), Gaudí, Guimard,… (…) Fue, sin lugar a dudas, el arquitecto más importante que ha dado la historia palentina. Sus obras crearon la imagen de una ciudad: la Palencia de preguerra, ciudad burguesa, de marcada estratificación social, que aún no conocía el desarrollo urbanístico que sufrió en décadas posteriores. La sensibilidad artística de aquella sociedad se trocó por el afán especulativo que, años después, irrumpió con tanta fuerza en el panorama español. Multitud de las obras de Arroyo desaparecieron insensiblemente, brutalmente, con espantosa seguridad. Cabe aún, a pesar de la destrucción física, reconstruir el espacio histórico que también perdió. Retirar las telarañas del olvido como una cuestión de decencia”.

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